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Ronaldinho: El hombre que nos hizo creer en la magia

febrero 15 de 2018

Pablo Montoya - @pablomonpar

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Ronaldinho

 

El Fútbol Club Barcelona, uno de los clubes más tradicionales del fútbol español, a principios del siglo XXI había tocado fondo. La sequía de títulos y, sobre todo, los grandes éxitos del Real Madrid y los ‘galácticos’ hacían que la gente perdiera la paciencia y la confianza en su equipo. Pero fue en el verano del 2003 cuando la gente vio una luz al final del túnel, con mucho fútbol y con una sonrisa gigante llegaba a la ciudad condal Ronaldo de Assis Moreira, o Ronaldinho, para llenar de alegría, gambetas y buen fútbol el Camp Nou. 

 

Por: Pablo Montoya - @pablomonpar

 

La alegría de Porto Alegre

En las favelas, como se les conocen a los barrios marginales de Brasil, abunda la violencia, las drogas y muchas cosas malas más; pero, sin duda alguna, los futuros cracks del fútbol mundial abundan por cantidades en las canchas de fútbol de los barrios del país más futbolero del mundo y hubo uno que deslumbró desde que tocó su primer balón. Ronaldinho desde corta edad mostró sus grandes dotes, su gambeta corta, su potencia y su gran sonrisa. Cuando apenas cursaba quinto grado en su colegio, y ya jugaba para las inferiores de Gremio, marcó 23 goles en un solo partido.

 

Para Ronaldinho el fútbol era solo un juego, aunque todo cambió en 1994, sí, el año del mundial de USA. El 17 de julio de 1994 fue el día que Brasil e Italia disputaron la final del mundo, ese día las inferiores de Gremio jugaban un partido en Bello Horizonte; el país estaba paralizado, solo se veían los colores amarillo y verde, pues Brasil volvía a la final de un Mundial luego de 24 años de ausencia. Cuando el mítico Roberto Baggio votó por encima del travesaño el último penal de la serie, Brasil estalló en júbilo y Ronaldinho entendió ese día que quería ser jugador de fútbol y portar la camiseta de su selección, según contó él mismo en “Carta a mi yo más joven” publicada en la revista The Players Tribune

 

Su paso por Gremio duró 4 años, pero ya desde 1999 empezó a cumplir su sueño. El 26 de junio de ese año Ronaldinho jugó su primer partido con la canarinha, sin embargo, la historia estuvo el día que “Dinho” tenía que presentarse ante su entrenador y compañeros. Gremio jugaba la final del campeonato Gaucho contra su eterno rival, el Internacional de Porto Alegre, equipo en el cual jugaba el capitán de la Selección y actual campeón del mundo, Dunga; en esa final Ronaldinho fue la figura del partido marcando el gol del título y dejando tirado en el piso, con sus gambetas, a Dunga. Cuando llegó a la concentración de la Selección nacional ya todos sus compañeros lo conocían como “el joven pequeño que usa el número 10”.

 

La sonrisa llega a Europa

En el 2001 Ronaldinho llegó a París para jugar con el PSG, un equipo que por ese entonces no tenía el potencial económico, ni deportivo que tiene hoy. El brasileño estuvo solo dos temporadas en el club de la capital francesa y, aunque no ganó ningún título, empezó a llamar la atención de los grandes clubes de Europa. En el 2002, Ronaldinho jugó el Mundial de Corea y Japón y cumplió ese sueño que lo hizo decidir ser futbolista en 1994; la sonrisa del fútbol, como lo conocen muchos, fue campeón del mundo con la canarinha.

 

El Manchester United y el FC Barcelona se pelearon su fichaje en el verano del 2003 y fue el club catalán quien se quedó con los servicios del crack de Porto Alegre. Para que este fichaje fuera un éxito, fue importante la presencia de Sandro Rosell en el club catalán. El entonces vicepresidente deportivo del Barcelona, años atrás había sido quien firmara el primer contrato de imagen del brasileño con Nike, por lo que la relación era buena con el jugador.

 

“Sin un duro en la caja” como lo afirma el mismo Rosell en el documental hecho por Informe Robinson sobre Ronaldinho, el Barcelona apostó por el astro brasileño para devolverle la sonrisa al Camp Nou. La llegada de Ronaldinho era tan importante para el Barcelona que hasta el presidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol, se comunicó con Rosell a pedirle que fichara al brasileño para subir la moral de los catalanes, según afirmó Rosell.

 

Un antes y un después

Ronaldinho empezó a hacer sonreír al Camp Nou desde el inicio, en su primer partido en la ciudad condal marcó un gol para la historia, recorriendo todo el terreno, con la pelota al pie y su potencia, dejó atrás a todos los jugadores rivales y remató desde 25 metros para marcar un golazo de pica barra inolvidable. Desde ese día la historia del FC Barcelona cambiaría por completo.

 

Ronaldinho seguía deslumbrando a todos con su fútbol y su alegría, en las dos primeras temporadas en el Barcelona ganó una Liga (2004/2005) y la Supercopa de España (2005), pero fue en la temporada 2005/2006 cuando el mundo se rindió a sus pies.

 

El 19 de noviembre de 2005 se jugaba el clásico entre Real Madrid y Barcelona, uno de los partidos más importante del mundo y era el escenario perfecto para que “Dinho” mostrara todo su talento. Días antes del partido, según cuenta Andrés Iniesta, el crack brasileño lo llamó en la madrugada y le dijo que se iría a jugar al Real Madrid en junio, que el hermano Roberto ya estaba cerrando todo con el equipo blanco; lo único que le pidió a Iniesta en esta llamada fue que por favor no fuera a decir nada y que confiaba en él más que en nadie. Al día siguiente cuando los jugadores llegaron al campo de entrenamiento había un ambiente raro, sigue diciendo Iniesta, donde todos consentían al astro brasileño más de lo normal. Los días pasaron y cuando llegó el día del Clásico, Ronaldinho tomó la palabra en el vestuario y dijo: “Chicos, hoy jugamos un partido importante, ellos son fuertes, pero en estos días he descubierto que somos una familia. He llamado a cada uno de vosotros en mitad de la noche y os he contado en confianza que me voy en junio, pero ninguno de vosotros ha hablado. Después de esto he entendido que estamos dispuestos a morirnos por dentro antes que traicionarnos. Yo me quedo aquí por muchos años… Ahora salgamos al campo y vamos a darle una lección de fútbol a estos de Madrid”. Ese día el Barcelona venció 0-3 al Real Madrid, con dos goles del brasileño, al cual todo el Bernabéu se levantó a aplaudirlo cuando se anunció su cambio.

 

Este mismo año ganó el Balón de Oro y a mitades de 2006 se coronó campeón de la Champions League para luego ir a defender el título mundial en Alemania. Sin embargo, Brasil fue eliminada por Francia en un partido que el que brilló fue Zidane y donde el entonces Balón de Oro quedó en deuda. Ronaldinho empezaba a cambiar la historia del club y no solo por lo que hacía dentro de la cancha, también contaba lo que hacía afuera, pues se encargó de dejar a su sustituto lo mejor preparado posible. Messi, el gran aprendiz del brasileño, estaba preparado para brillar.

 

“Dinho” ya no sonríe

Luego de una temporada inolvidable, donde solo faltó una mejor participación en el Mundial de Alemania 2006, el juego de Ronaldinho fue decayendo; con el objetivo cumplido de ser el mejor jugador del mundo y de haberlo ganado casi todo con el club, el brasileño se quitó un peso de encima. La vida nocturna empezó a ser constante y en los medios deportivos más importantes de España. Ronaldinho ya no era el mismo de antes.

 

Tras dos temporadas con más escándalos que fútbol, el brasileño salió del Barcelona rumbo a Milán para ser nuevo jugador del AC Milán. En Italia las fiestas de Ronaldinho siguieron siendo las protagonistas de la vida del brasileño y aunque en 2011, su última temporada en Europa, ganó una Serie A con el cuadro Rossonero, su juego nunca volvió a ser igual.

 

Al dejar Milán, “Dinho” viajó a su país para ser nuevo jugador del Flamengo, donde su fútbol volvió a crecer un poco, aunque ya por la edad, no se le podía pedir lo mismo que antes.

 

Un pequeño renacer

En 2012 el Atlético Mineiro estaba formando un buen equipo y la clase de Ronaldinho no podía faltar en ese equipo. En 2013, luego de una buena temporada de “la sonrisa del fútbol” su equipo logró ganar la Copa Libertadores de América en un momento duro, pues la mamá de “Dinho” había estado muy enferma y el astro casi deja el fútbol por esta razón. El día que Atlético Mineiro levantó el trofeo de campeón de América, el brasileño aseguró que todas las camisetas que había utilizado en todos sus títulos las tenía su mamá y que esta no iba a ser la excepción. Este fue el último día que un trofeo volvió a sonreír junto al jugador que nos hizo disfrutar a todos, que con su gambeta corta y su juego de fantasía nos hizo creer en la magia y con su sonrisa y sus dientes grandes nos enseñó a llevar la vida siempre con felicidad y a jugar libre, como lo dijo alguna vez su papá cuando era pequeño. 

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