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Sócrates: Más allá del fútbol

julio 04 de 2018

Eduardo Andrade - @Eduardoar05

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Socrates

Foto: @LivornaLore

 

Un símbolo dentro y fuera de las canchas brasileras. Por donde pasó siempre dejó una huella tanto en el fútbol como en la sociedad. Elegante, potente y eficaz, así era Sócrates: el futbolista que jugaba para nunca ser olvidado.

 

Por: Eduardo Andrade - @Eduardoar05

 

Nació para pensar

Sócrates Brasileiro Sampaio de Souza Vieira de Oliveira nació en un pequeño pueblo en Brasil, pero su nombre sería conocido en todo el mundo. Inspirado por su padre, un amante de la literatura y el conocimiento, siempre buscó un equilibrio entre su formación como persona y su vida de futbolista; sin embargo, uno de los sitios donde mejor pensaba este espigado personaje era dentro de una cancha.

 

A pesar de su altura y de jugar en el mediocampo, su técnica, visión de juego y precisión eran envidiables, algo que lo caracterizaba, desde sus inicios en las divisiones menores del Botafogo F.C, un club tradicional y pequeño del estado de São Paulo, como un gran goleador aunque no era delantero.

 

Su gran habilidad para jugar le permitió ascender rápidamente hasta debutar como profesional a los 20 años, aunque solo jugaba los torneos locales y regionales, pues mientras se desempeñaba como futbolista estudiaba en la universidad, algo que lo diferenció de la gran mayoría de jugadores brasileros. Sócrates estudiaba medicina en la Universidad de São Paulo al tiempo que jugaba fútbol; para 1978, se graduaría profesionalmente como médico y firmaría su primer gran contrato como jugador: “El Doctor” empezaría a defender los colores del Corinthians.

 

Los Mundiales que no fueron

En Corinthians comenzó a vislumbrase como uno de los mejores jugadores de la época en el fútbol brasileño. Actuaciones destacadas y una gran cantidad de goles le permitieron al “Magrão” (flaco) llegar a la selección de su país, y disputar varias Copas América y un par de Copas del Mundo.

 

En España 1982 fue cuando la brillante figura de Sócrates se dio a conocer en el mundo entero. Dirigido por Telê Santana, acompañado de grandes estrellas como Zico, Júnior, Cerezo y Falcão, Sócrates portó la cinta de capitán de una de las mejores selecciones nacionales de Brasil, una generación con exceso de talento que expuso el Jogo Bonito en su máximo esplendor, pero que lastimosamente nunca supo alcanzar un título.

 

En el Mundial de 1982, Sócrates marcó en el primer partido frente a la Unión Soviética y en el último que disputó Brasil ante Italia, en el cual perdieron 3-2 y fueron eliminados por la escuadra que terminaría saliendo campeona del mundo. Además, fue pieza clave del juego brasilero que se impuso, tanto en el marcador como en la cancha, en casi todos los partidos del Mundial. La prensa deportiva destacó la gran habilidad que poseía el volante del Corinthians, lo que le permitiría ser una de las figuras de aquella Copa del Mundo, y ser nombrado el año siguiente como el mejor futbolista de Sudamérica.

 

Para el siguiente Mundial, México 1986, Sócrates volvió a comandar a su selección, pues siempre fue un líder innato, en el intento por conquistar el trofeo que llevaba 16 años siendo esquivo para Brasil. Sin embargo, “El Doctor” fracasaría en esta operación nuevamente pues “La Canarinha” se iría en cuartos de final de la competencia tras ser eliminada por la Francia de Platini en una definición por penales, en los cuales Sócrates falló su disparo, mostrando que se necesitaba algo más que un juego bonito para salir campeón del mundo.  

 

A pesar de no haber levantado la copa más ansiada por todos, Sócrates quedó plasmado como uno de los máximos íconos del fútbol brasilero, como el capitán de una de las mejores generaciones que jugaba al balompié, y como el centrocampista de una de las últimas Brasil que fue fiel a su esencia y al Jogo Bonito.  

 

La Democracia Corinthiana

Una vez consolidado en el mediocampo del Corinthians de comienzos de los años ochenta, Sócrates se quedó en el corazón del equipo “Timão” para siempre. No sólo por los títulos que obtuvo, ni únicamente por los más de 170 goles que anotó con su camiseta, sino porque su figura y su nombre se convirtieron en sinónimo de libertad y democracia para los brasileros.

 

El contexto en el que Sócrates se crio y formó fue el de una Brasil que desde 1964 había estado regida por una dictadura militar que imponía el autoritarismo en cada rincón del país. La suma de una crisis deportiva por falta de resultados y los problemas económicos que afectaban a Corinthians para finales de 1981 fueron los ingredientes necesarios para iniciar un movimiento que, con Sócrates a la cabeza, fundó nuevos valores y espacios de libertad en Brasil: la Democracia Corinthiana.

 

Desde muy joven, el padre de Sócrates, activista político de izquierda, le enseño a su hijo la importancia de luchar contra la tiranía y pensar en una sociedad más justa, equitativa y libre. Sócrates, siempre interesado en el conocimiento, leyó durante toda su vida a grandes pensadores de historia política y económica, así como a filósofos y politólogos de izquierda que influenciaron su posición política. De ahí, su interés en promover la democracia y sus valores en todas sus maneras de actuar.  

 

Ante la crisis que vivía el equipo, Sócrates impulsó al interior del club un modelo de autogestión en donde las decisiones las tomaban entre todos los miembros pertenecientes a la familia del “Timão” ya fuera el capitán de fútbol, el portero, el directivo del club o el utilero. Se realizaban votaciones en donde el voto de cada uno de los participantes valía lo mismo sin importar su función; de esta manera, se tomaban decisiones sobre cuestiones administrativas, fichajes, salarios, horarios de trabajo y muchos temas más que empezaron a ser decididos de manera democrática.

 

La Democracia Corinthiana, además de impulsar este tipo de gestión en el deporte en Brasil, promovió mensajes a favor de los valores democráticos y permitió un espacio en que los brasileros pudieron experimentar una manera diferente al autoritarismo para hacer las cosas. El resultado de este movimiento fueron dos títulos de Copa Paulista consecutivos y el cubrimiento completo de la deuda del club. Además, el mensaje que llevó a la sociedad brasilera y el aporte al pensamiento democrático y de igualdad fue inmenso.  

 

El que nunca será olvidado

Como estrella del fútbol mundial tuvo la posibilidad de jugar en Europa, justo después de haber sido uno de los mejores sabores que dejó el Mundial del 82 tuvo la oportunidad de ir a Italia, a la Fiorentina; no obstante, nunca pudo acomodarse al juego europeo y terminó regresando a Brasil un año después.

 

Fue justamente en su país donde más feliz estuvo, y es que parece que Brasil necesitaba de Sócrates, así como Sócrates necesitaba de Brasil. Su fútbol de clase, lujo y elegancia era más apreciado en Sudamérica. Una de sus clásicas jugadas, conocida como “El Taconazo”, era la muestra perfecta de toda la habilidad y destreza que poseía ese gigante de 1,92 metros de estatura que veía y leía el campo de juego a la perfección.

 

Después de su retiro en 1989, a los 35 años, Sócrates se dedicó a su profesión de médico con un consultorio privado que abrió cerca a São Paulo, también fue director técnico un par de años, pero su gran vocación estuvo en la política: fue activista y militante del Partido de los Trabajadores y escribió para varios periódicos locales sobre política, economía y, de vez en cuando, fútbol. Justo antes de su muerte, estaba a punto de tomar las riendas de la Selección de Fútbol de Cuba, algo que se ajustaba perfectamente al perfil de este personaje.    

Con aportes dentro y fuera de la cancha, Sócrates siempre fue querido por el pueblo brasilero. No solo fue un futbolista, pues en Brasil ha habido millares de estos, fue un símbolo de Jogo Bonito, de elegancia, de resistencia y de democracia. Alguna vez dijo en una entrevista: “no hay que jugar para ganar, sino para que no te olvdien”, y sin duda alguna, Sócrates de Souza Vieira de Oliveira nunca será olvidado por el fútbol mundial. Murió en 2011, pero desde donde quiera que esté, de seguro ha de estar leyendo un buen libro, tomando cerveza y dándole taconazos a un balón.

 

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