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“El fútbol como un espejo de la condición humana”, segunda parte

septiembre 17 de 2015

Dr. Tamir Bar-On - @OnTamir

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 Dr. Tamir Bar-On, Profesor de Relaciones Internacionales y Humanidades, Tec de Monterrey, CampusQuerétaro

(Acá la primera parte)

 

Como la vida, el fútbol no siempre es justo. El mejor equipo no siempre es el que gana. Colombia era mejor que Brasil en el Mundial 2014, pero perdió contra los brasileros en cuartos de final.  Las dudas morales prevalecen con frecuencia. El entrenador uruguayo Óscar Tabárez declaró esto después de que su jugador estrella Luis Suárez fue expulsado del Mundial por haber mordido a un defensor italiano: “Esto es fútbol, no moralidad barata”. Pero ¿acaso cuando jugamos fútbol en el mundo no existe la moral, las reglas y la ética del juego limpio? Incluso si jugamos bien, no siempre ganamos y las decisiones del partido hechas por el árbitro pueden salirse de control. “Normalmente vestidos de negro fúnebre, los árbitros ofrecen pruebas vivas sobre la contradicción entre el cómo nos gustaría que fuera el mundo y lo que realmente es; de nuestra trágica inhabilidad para controlar nuestras vidas (o muertes), de lo afortunados que podríamos ser o de lo que tendremos que esforzarnos para lograrlo; de nuestra ineludible vulnerabilidad para el tiro al blanco de la atroz fortuna,” escribió John Carlin.

 

El analista de fútbol Vijay Murali compiló una lista de las veintidós peores decisiones arbitrales en la historia del fútbol, pues estas jugaban “un rol más importante en el resultado del partido y posiblemente de la temporada también.” Algunas de las peores decisiones incluían las siguientes: a España le fueron anulados dos goles completamente legítimos contra Corea del Sur en el Mundial de 2002, un llamado incorrecto de no-gol de Frank Lampard contra Alemania en el Mundial de 2010, y la evidente mano de Thierry Henry contra Irlanda, que además condujo a un gol de William Gallas en el partido decisivo de clasificación contra Irlanda para la Copa Mundial en 2010. Pero la peor decisión de un árbitro le costó a un equipo inglés el título de la liga:

Leeds United estaban en medio de la lucha por el título cuando esta inexplicable decisión de Ray Tinkler les costó el juego y en última instancia el título. El juez de línea señala al jugador del West Brom, Colin Suggett fuera de lugar y la defensa del Leeds para en seco, pero Tinkler permite que el juego continúe y Jeff Astle marca un gol. Como resultado, Leeds pierde el título contra el Arsenal, dejando a su director y jugadores completamente devastados.

 

El fútbol no es sólo un juego, como señalaba el legendario director del Liverpool Bill Shankly, es “mucho, mucho más que eso.”  Para Shankly, el fútbol es incluso más importante que la vida y la muerte. Nuestros héroes futbolísticos y sus hazañas inmortales son reflejo de la condición humana. Nuestros inmortales del fútbol como Maradona o Pelé nos han proporcionado el significado de “nosotros” y “ellos.” Existe un aeropuerto internacional en Belfast que tomó su nombre en honor al “inmortal” George Best del Norte de Irlanda. Los grandes del fútbol tales como Arsenio Erico, Sir Stanley Matthews, Di Stéfano, Maradona, Pelé y Hugo Sánchez han sido inmortalizados en la música, la literatura, la escultura o con nombres de calles o estadios. La mayoría de nosotros somos mortales del fútbol. Nunca vamos a ser ni profesionales del fútbol ni súper estrellas como Messi, Neymar, James o Thomas Müller. Sin embargo, incluso si no podemos ser inmortales del fútbol, podríamos convertirnos en inmortales en lo que hacemos fuera del campo de fútbol a través de nuestro trabajo, de lo que escribimos o sencillamente de nuestras palabras. Si somos realmente honestos con nosotros mismos podríamos reconocer que es muy difícil ser inmortales como Maradona o Pelé, dentro o fuera de la cancha. Tampoco podemos ser dioses inmortales como Afrodita, Apolo o Atenea. No podemos ser titanes como Cronos, el líder de los Titanes, que derrocó a su padre Urano, sólo para ser derrocado a su vez por su hijo, Zeus. Quizás podemos ser héroes como Odiseo, un rey de Ítaca que jugó un papel clave en la guerra de Troya y cuyas aventuras son el tema central de la Odisea de Homero. O ¿podríamos ser como Aquiles, héroe de la guerra de Troya y un personaje clave en la Ilíada de Homero? Tenemos que admitir que inclusive simplemente ser un héroe es un hueso duro de roer para la mayoría de nosotros. Si no existieran estrellas inmortales del fútbol como Maradona, entonces el fútbol no sería tan significativo. Habría menos empuje y ambición, así como poco espacio para la auto superación. No habría genios, simplemente habría jugadores de fútbol con los mismos méritos. En definitiva no habría jugadores besados por los “dioses”. El fútbol no es ni capitalismo ni comunismo. No es socialismo ni liberalismo. No crea ni desea un mundo en el que todos son iguales. Es un mundo de jerarquías. El fútbol tiene su lista de inmortales, héroes mortales, buenos jugadores, y todo el resto. Parece que nos gusta que sea de esta manera. No está muy claro si a nuestros futbolistas inmortales les gusta que siempre sea así. Con su inmortalidad no significa que puedan escapar del alcoholismo o la adicción a las drogas, tal y como fue el caso de Garrincha o Maradona.  O tampoco de los dioses del destino que hacen que los saquen de sus escuadrones del fútbol antes de tiempo, tal y como ha sucedido en el Manchester United, Torino, o en la selección nacional de Zambia.  ¿Cuánto más inmortal tuvo que haber sido Duncan Edwards para que no muriera en el accidente en Manchester United en 1958?

 

El fútbol también refleja la crueldad de los seres humanos. Cuando Brasil perdió en 1950 la final del Mundial contra Uruguay de locales, el arquero brasilero Moacir Barbosa (1921-2000) fue culpado por haber permitido que entrara el “suave” gol de la victoria, anotado por Alcides Ghiggia y fue perseguido por estos fantasmas el resto de su vida. Aunque ganó numerosos trofeos en casa y la Copa América con Brasil en 1949, murió sin dinero, triste, maldito, descuidado y siendo un chivo expiatorio. Él vivió la vida de Job del Antiguo Testamento: abandonado, atacado, desdeñado, privado de amigos y posesiones, y crucificado por toda una sociedad de crueles inquisidores.  Barbosa siempre será identificado con el evento del Maracanazo,  o por “el golpe del Maracaná”, que fue nombrado así por el estadio en donde Brasil perdió contra Uruguay en el Mundial. “La pena máxima en Brasil es de 30 años de prisión, pero he estado pagando, por algo de lo que ni siquiera soy responsable hasta ahora desde hace 50 años,” declaró Barbosa años después de haber cometido el error como arquero. Barbosa fue rechazado para desempeñarse como comentarista deportivo en la televisión y se le prohibió que entrenara a la selección brasilera. Barbosa es sin duda esa cara fea de la afición por los inmortales. Los inmortales tienen que jugar y ganar. Si no lo hacen, serán crucificados y tal vez jamás perdonados. Barbosa murió de un ataque al corazón en el año 2000. Le deberían haber dado algún crédito por sus logrosllevó a Brasil al las finales del mundial y ganó la Copa América. Era un arquero decente que no llevaba guantes y que cometió el mayor error en la historia del fútbol ¿Fue justo que Barbosa fuese tratado como un leproso y se ganara el desprecio de todos? Cuando murió, hubo incluso un alivio en Brasil. Algunos inmortales brasileros tales como Sócrates obtuvieron el reconocimiento estatal y otros como Barbosa fueron ignorados y condenados. Cuando Sócrates murió en 2011, la presidenta de Brasil Dilma Rousseff dijo que Brasil había perdido “uno de sus hijos más queridos.”

 

Las estrellas de fútbol pueden o bien apoyar a quienes están en el poder, o abiertamente desafiar a los más poderosos. En 1980, un jugador brasilero clave de los maravillosos y libres equipos nacionales de los ochentas fue Sócrates, un centrocampista ofensivo muy talentoso. No sólo fue un gran defensor de la democracia dentro de su club Corinthians, sino que también fue un campeón de la democracia en Brasil durante los años oscuros de la dictadura militar. El brillante e internacional libero Chileno Elías Figueroa (fue premiado como el Futbolista Suramericano del año tres veces seguidas por el periódico venezolano El Mundo en 1974, 1975 y 1976) apoyó la dictadura militar de su país bajo el mando de Augusto Pinochet que comenzó en 1973. El norteamericano y también internacional Joe Gaetjens, quien marcó el gol de la victoria en el partido contra Inglaterra en el Mundial de 1950, fue asesinado en su nativa Haití por militares de la dictadura, pues era hijo de un líder de la oposición. Gaetjens estaba relacionado con Louis Déjoie, que perdió las elecciones presidenciales de Haití en 1957 contra el dictador haitiano François "Papa Doc" Duvalier.

 

El filosofo mexicano Mauricio Beuchot acuñó el término de hermenéutica analógica, que es un tipo de hermenéutica basado en la interpretación, teniendo en cuenta la pluralidad de aspectos del significado. Podemos usar hermenéutica analógica para ver el fútbol a través de diversas disciplinas, interpretaciones y significados. Podríamos ver el fútbol simplemente como opio para el pueblo, pero no podríamos reducirlo sólo a esa interpretación, porque el fútbol puede ser también un vehículo para el cambio social. James Dorsey, autor de The Turbulent World of Middle East Soccer demuestra cómo los clubes de fútbol en Egipto jugaron un papel determinante desafiando a la dictadura de Mubarak. En Citizens and Sportsmen: Fútbol and Politics in Twentieth-Century Chile, Brenda Elsey nos muestra cómo los clubes de aficionados en Chile jugaron un papel clave en la democratización de la sociedad chilena.  El fútbol nos puede informar sobre los discursos competitivos de los regímenes nacionalistas, autoritaristas y  totalitaristas, los cambios sociales, religiones, éticas, negocios, mercados, liderazgo, sueños de la infancia, inmortalidad, el significado de la vida y de las artes. El fútbol es algo más que sólo ganar o perder. Robben, Márquez, Ochoa, el hijo de seis años de Leon Krauze y todos los fanáticos del fútbol alrededor del mundo lo saben muy bien. El Fútbol y las historias de los Mundiales últimamente reflexionan y reflejan la condición humana.

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