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Cuando Millonarios, con suplentes, eliminó a Santa Fe

marzo 21 de 2016

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Diego Moreno Millonarios

Diego 'Guateque' Moreno/Foto: bestiariodelbalon

 

Cuando se trata de un clásico histórico como lo es el duelo entre azules y rojos de la capital, la memoria generalmente recuerda aquellas batallas épicas que van escribiendo partido a partido la historia de una rivalidad. Generalmente te acuerdas de las mejores victorias y, por supuesto, las derrotas más duras (negarlo sería mentir).

 

El hincha Embajador muestra su paternidad al cardenal con el mejor argumento de todos, el de los números, y lo hace sin recurrir a Google ni a los libros. Enseña que han sido 14 los títulos de Liga de Millonarios y 112 las victorias azules en el historial. El rojo, en cambio, se aferra a un resultado de un derbi en especial (el de aquel 7-3 del 23 de Febrero de 1992) para tratar de defenderse.

 

De los empates, seguro, casi nadie se acuerda porque no marcan diferencia en el historial y han sido muchos a lo largo de la historia y de todo tipo (apasionantes, dramáticos o aburridos). Pero en esta ocasión voy a recordar uno de esos empates que dejaron huella porque para Santa Fe significó perder la opción de acceder a la final del campeonato y porque para Millonarios, más allá del honor, el juego era solo por cumplir calendario ya que sus opciones se habían extinguido mucho tiempo atrás.

 

Fue el miércoles 12 de Diciembre de 2001, la edición 225 del tradicional clásico de la capital colombiana y última fecha de la fase de cuadrangulares. Tras terminar segundo en la fase regular, Millonarios tuvo un rendimiento precario en la semifinal que lo dejó eliminado con varias fechas de anticipación tras empatar sin goles ante Santa Fe y perder después cuatro partidos en línea ante América y Once Caldas tanto en casa como de visita que sentenciaron su historia. Santa Fe, en cambio, llegaba al partido con una gran opción de avanzar a la gran final: debía ganarle a Millonarios por dos goles y esperar un empate entre blancos y diablos rojos.

 

Adicional a eso, Millos debía jugar el partido de ida de la final de la Copa Merconorte ante Emelec de Ecuador al otro día en condición de local, motivo por el cual el técnico de los Embajadores optó por la obvia: jugar el clásico con una nómina mixta conformada con varios suplentes y reservar al primer equipo para el partido del jueves.

 

A todos esos antecedentes hay que sumarle uno más: Eran épocas en las que en los clásicos las tribunas se dividían en mitades para cada escuadra. El sector norte era para Millonarios y el sur para Santa Fe. La distribución inicial era de 50-50 pero generalmente (y como ha sido toda la vida) asistían más azules que rojos.

 

Pero esa noche, la del 12 de Diciembre, en el estadio estaba lleno todo el sector sur (unos 17 mil santafereños) mientras que en el sector norte apenas unos 3 mil azules llegaron. El mal momento en el torneo local con eliminación incluida y el hecho de guardar el dinero para la final del otro día fueron los factores fundamentales. Como nunca antes en mi vida, vi un clásico con mayoría –amplia, por demás- de santafereños en las gradas.

 

Por todo lo anterior, para Santa Fe parecía todo servido para avanzar: jugaba contra un rival eliminado, sin aspiración alguna a nivel local, que pensaba solo en su final de torneo internacional y por eso le iba a poner a muchos suplentes; y aparte, en las tribunas estaba acompañado de su gente que en mayoría superaba a la hinchada de su rival de siempre. Las condiciones eran inmejorables.

 

El primer tiempo se fue sin goles en el marcador y comenzando el complemento Léider Preciado cambió un penal por gol que le dio la ventaja al rojo. Cualquiera pensaría que ese gol era un impacto a la moral de los azules y a los 3 mil hinchas que estuvieron y no abandonaron, pero sucedió al revés. De repente esos 3 mil silenciaron a los 17 mil que estaban del otro lado del estadio con los cantos y esa “presión” hizo que Preciado pasara de ser héroe a villano al hacerse expulsar por agresión e incitar a la violencia a quienes estaban en el banco azul.

 

En Manizales, a Santa Fe también se le daba el resultado soñado: Caldas y América empataban 2-2 que anunciaban los altavoces del estadio. Por eso los rojos se fueron encima de los suplentes azules buscando la anotación que necesitaban para avanzar a la final y en el minuto 90 llegó el gol, pero el gol de Millonarios que empató el juego y que sentenció a Santa Fe. Un derechazo de Diego “guateque” Moreno que se coló por el palo de la mano izquierda de Agustín Julio.

 

En ese momento de júbilo, muchos de esos 17 mil rojos abandonaron el estadio mientras que los pocos azules cantaron mucho más duro y sonaban como si fueran mayoría. Apenas unos segundos después del gol, en los altavoces del estadio se escuchó “final en Manizales: Once Caldas 2, América 2” y esa fue la cereza del postre. Rencor, tristeza, rabia y desolación cardenal que contrastó con la alegría de los pocos azules que a punta de aliento sonaron más duro y celebraron el hecho de dejar al equipo rojo eliminado.

 

Ah, y si de por sí la eliminación a manos de su rival de toda la vida que jugó con varios suplentes había sido dolorosa para los cardenales, ocho días después fue aún peor: Millonarios se coronó campeón de la Copa Merconorte tras empatar los dos partidos con Emelec 1-1 y vencer en la serie de definición por penales.

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